¿De qué capacidad es el termo y cuántas veces lo abres a lo largo de la tarde? Te lo pregunto porque muchas veces el problema no es el termo en sí, sino el aire que queda dentro y la temperatura a la que se cierra:
- El volumen y la cámara de aire: si llevas un termo grande y vas sacando tazas sueltas, cada vez que abres entra aire y el café restante se oxida mucho más rápido en ese espacio vacío. Rinde mejor usar un termo del tamaño justo de lo que vas a tomar (o dos pequeños individuales en lugar de uno grande que abres tres o cuatro veces).
La temperatura al cerrarlo: si lo viertes hirviendo directamente de la cafetera y cierras hermético, el café se sigue «cociendo» con su propio calor atrapado durante horas y saca ese regusto amargo a recalentado. Si lo dejas reposar dos o tres minutos en la jarra para que baje a temperatura de beber (unos 75–80 °C) antes de taparlo, aguanta mucho mejor.
- La goma de la tapa: las juntas de silicona retienen aceites de cafés anteriores que se enrancian con el calor cerrado. Conviene desmontar la goma de vez en cuando y lavarla con agua caliente y un poco de bicarbonato.
No añadiría termos nuevos ni pasos raros sin probar primero a ajustar el tamaño del recipiente y no cerrarlo hirviendo.