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A finales de verano, en las salidas de primera hora por caminos con vegetación baja o hierba en los márgenes, el rocío matinal me deja los bajos del pantalón empapados en diez minutos. El resto de la pierna viene seco, pero el dobladillo absorbe agua por capilaridad, se pega al tobillo y, en cuanto el camino pasa a ser de tierra seca, el polvo y el barro fino se agarran a la tela húmeda.


Sé que para travesías largas se recomiendan polainas o pantalones específicos, pero para recorridos cotidianos o mañanas de actividad de campo me parece excesivo. ¿Qué hacéis en esas dos primeras horas? ¿Dobláis el bajo hacia dentro o hacia fuera, ajustáis con el calcetín, o simplemente esperáis a que el sol de media mañana lo seque al aire?

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Mejor respuesta

Para una salida de dos horas no hace falta comprar polainas de expedición.


Si doblas el bajo hacia fuera, el pliegue suele hacer de canaleta y va recogiendo agua, semillas y briznas conforme caminas. En caminos con hierba húmeda funciona mejor doblar el bajo hacia dentro un par de vueltas limpias —o recogerlo ligeramente dentro del calcetín durante la primera hora hasta que el sol evapora el rocío—. Al quedar la boca del pantalón más alta y cerrada, no barre la vegetación ni chupa agua por capilaridad.


Lo más importante viene después: si el dobladillo se ha humedecido y luego pisas camino seco, no intentes frotar ni pasar un trapo con la tela húmeda, porque incrustas el polvo fino dentro del hilo de algodón. Déjalo secar al aire tal cual; una vez completamente seco, un cepillado suave con cerdas blandas o una buena sacudida suele tirar la tierra seca sin dejar cerco.

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