A finales de verano, en las salidas de primera hora por caminos con vegetación baja o hierba en los márgenes, el rocío matinal me deja los bajos del pantalón empapados en diez minutos. El resto de la pierna viene seco, pero el dobladillo absorbe agua por capilaridad, se pega al tobillo y, en cuanto el camino pasa a ser de tierra seca, el polvo y el barro fino se agarran a la tela húmeda.
Sé que para travesías largas se recomiendan polainas o pantalones específicos, pero para recorridos cotidianos o mañanas de actividad de campo me parece excesivo. ¿Qué hacéis en esas dos primeras horas? ¿Dobláis el bajo hacia dentro o hacia fuera, ajustáis con el calcetín, o simplemente esperáis a que el sol de media mañana lo seque al aire?